Donde pocos están dispuestos ir

por Marilu Reyna

La última semana del mes de junio del 2019, un grupo de individuos de varios estilos de vida hicieron su camino a cruzar el mundo, viajando más de 8,000 millas en dos, tres, o quizás cuatro aviones. El viaje, lo cual requirió múltiples paradas y cambios de tiempo y tomó aproximadamente 24 horas, los llevaron a la tierra del Taj Mahal con los mercados de especies y templos, donde vacas de 1,500 libras andan libres por las calles, donde los matrimonios a veces se arreglan, y donde miles de niños y familias viven una vida de pobreza extrema: Nueva Delhi, India.

El Alivio Emergente de Niños Internacionales (CERI por sus siglas en inglés) estuvo en la capital con un propósito – ayudar a las personas con grandes necesidades. En las afueras de esta metrópoli, en donde millones de personas viven en espacios reducidos a solo unos metros de la carretera concurrida donde cientos de miles de viajeros pasan diariamente en una ruidosa cacofonía de motos, camiones, automóviles, autobuses y bicitaxis de gasolina, todos tocando la bocina sin parar, y donde los estados de Uttar Pradesh y Union Territory of Nuevo Delhi se unen, se estableció una clínica médica móvil.

Los viajeros incluyeron Anahi Barron, Dorcas Adepoju, Emily Pinedo, Héctor Chacón, Jazmin Howard, Jim Bonson, Kevin Neave, Kris Bryant, Martin Bocchino y yo misma. Nos acompañó Donna Coroiescu, quien previamente había visitado India con Ian Forber-Pratt y Kaynat Salmani, dos miembros del personal de CERI. Había profesionales, estudiantes y parejas casadas, todos aquí para ayudar a cerrar las brechas en los servicios.

A lo largo de la historia, sin importar la política, los refugiados, por cualquier motivo, han huido de su tierra natal, en la mayoría de los casos con solamente la ropa puesta, dejando a la familia y las posesiones más preciadas, todo para buscar una vida mejor.

Cuando hablamos con las familias, aprendimos que muchos habían sobrevivido un horrible viaje a la India y habían sido testigos de muertes y otros peligros insondables en el camino. Hicieron sus nuevos hogares con postes de bambú atados a lonas de plástico, sábanas y otros pedazos que encontraron en la calle. No tienen agua corriente y baños inadecuados. Hay casi 350 refugiados viviendo en un asentamiento y se espera que cada uno visitará la clínica médica en un periodo de dos días.

Cuando empezamos el primer día del trabajo médico en el campamento, Jazmin Howard, una estudiante universitaria que busca seguir una carrera en el área de medicina, y Anahi Barron, una enfermera licenciada, fueron asignadas a triaje. Una desvencijada mesa de madera con tres sillas a la entrada de la carpa estaba rodeada con personas esperando su turno. Anahi y Jazmin tomaban temperaturas y lecturas de presión sanguínea, y preparaban un breve, pero importante historia médica de cada paciente. Algunos de los refugiados nunca habían visto a un doctor ni a un dentista. Sus condiciones variaron de graves a menores e incluyeron erupciones corporales, cortadas y llagas debido a sus condiciones de vivencia y estar descalzos en la mayoría de los casos y poco o ningún régimen de higiene. El asma también era prevalente y se dice que es el resultado de la flama abierta que las familias mantienen en sus hogares donde cocinan y calientan agua con poco o sin ventilación. Los gases de la leña y el carbón tienen un efecto nocivo. También prevalente fueron gusanos, quemaduras, la malnutrición, la deshidratación, dientes abscesos, la piorrea y otras enfermedades contagiosas.

Los niños jóvenes parecen a bebes, bastante más joven que su edad verdadera, por la falta de la nutrición correcta, mientras los ancianos se miraban más viejos que su edad verdadera, el resultado de una vida difícil que se manifestó en su piel quemado por el sol, sus caras arrugadas y las manos artríticas. Un manejador de bicitaxi nos llegó buscando alivio para su dolor de espalda, diciendo que estira 500 libras todo el día cada día como parte de su empleo. No podía tomar tiempo libre de su trabajo, pero vio una oportunidad en la clínica. Una joven madre llegó con su bebe en sus brazos, casi sin vida por la deshidratación y una alta calentura, y fue movida al frente de la fila. Necesitaban agua y protección del calor brutal o no iban a sobrevivir.

Donna Coroiescu, una voluntaria con CERI por mucho tiempo, usó ropa quirúrgica que, al final del día, tenía varios círculos de sal seca de su propio sudor. El calor era brutal, pero Donna está bien familiarizada, por haber viajado a India y a muchos otros países por los años. Se sentía cómoda y en su corazón era una persona que apoya a otros y estaba allí para hacer el trabajo de Dios. Uno puede decir que es su llamado. El horario agotador incluyó mañanas tempranas y noches tardes, pero Donna era la primera en el autobús en la mañana y la última para subir en la noche. Ha trabajado con el corazón de una servidora y la mente de una líder, mirando cuidadosamente que la clínica médica operaba con suavidad. Cuidaba a los bebés mientras que sus mamás fueron examinadas, y trabajaba con el farmacéutico para descifrar recetas escritas en un tipo de código para muchos de los pacientes, la mayoría de los cuales tienen dificultades para leer.

Jim Bonson, un veterano y un médico asociado, trabajó con un traductor para ver la mayor cantidad de pacientes posible. Él llevó a la información de triaje y trató de ahondar un poco más a sus historias médicas para descubrir lo que les aqueja. Él fue pensativo y completo en su trabajo y pacientemente manejaba por sus exámenes mientras quedaba completamente consciente de las costumbres culturales. Algunas mujeres rehusaban ser examinadas por un hombre y algunas rehusaban quitar sus velos, pañuelos de cabeza u otros niveles que son parte de su ropa tradicional. Él persistió en ayudar y trabajaba con cada persona, respetando a su nivel de comodidad. Y si hizo progreso. Jim y los otros proporcionaron exámenes médicos a más de 300 pacientes en un periodo de dos días.

La dentista Emily Pinedo viajó desde Australia con su esposo, Martin Bocchino, para participar en esta misión médica. Los dos juntaron con dentistas locales y higiénicas dentistas para dar a la gente del campo el cuidado dental que era muy necesitada. Cómo el acceso de este tipo de cuidado es raro y en demanda, estuvieron demasiado ocupados los dos días. El temido viaje al dentista como nosotros lo conocimos no era problema para esta población. Estaban muy agradecidos de encontrar alivio, en algunos casos para un dolor de dientes que lo había plagado por un tiempo. 

Entre los voluntarios adicionales en las primeras líneas se incluyeron el Dr. Dorcas Adepoju, un psiquiatra de los Estados Unidos, junto con Kris Bryant, un consejero profesional con licencia. Kevin Neave, que se unió con nosotros desde Londres, donde asiste a la Universidad London South Bank, y Héctor Chacón, que trabaja en Oregon con el BCFS System, formaron parte del equipo de apoyo crítico que ayudó con la configuración, la logística, y otras tareas laboriosas necesarias para ejecutar el campamento de manera eficiente y efectiva.

¿Qué trajo a estos profesionales solidarios y compasivos de todo el mundo para ayudar? CERI. Celebrando 20 años de ayudar a los necesitados.

En todo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar a los necesitados, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: Más bienaventurado es dar que recibir.” (Hechos 20:35, RVR1960)

Jazmine comenta sobre su experiencia:

La gente de Nuevo Delhi, India, me dio mucho más de que podría yo repagar a ellos. Para la mayoría de esta gente, el futuro no es prometido. En un momento, pregunté ¿“Donde te ves en cinco años?” La respuesta es algo que quedará conmigo para siempre.

“Un lugar mejor.”

Muchos no tienen idea lo que la mañana les trae, pero despiertan con alegría cada mañana porque han despertados con la oportunidad de ser mejor, hacer mejor. Cada día es oportunidad para embarcar en un nuevo viaje. Aunque han vivido en la pobreza extrema y han sobrevivido situaciones graves en sus vidas, las sonrisas estaban evidentes en sus rostros. Viven sin miedo y lleno de esperanza. Se inspiraron unos a otros con la forma más verdadera del amor incondicional. Lo que no sabían era que a mí también me habían inspirado.

Jim reflejó cuando regresó del viaje, diciendo simplemente, “He aprendido que aun en mis sufrimientos aquí en los Estados Unidos, si estoy bendecido. A menudo pienso en los refugiados que conocimos y tratamos en el campo y su resiliencia y estoy inspirado. Rezo por ellos y por toda la gente marginalizada en todo el mundo. Podemos hacer una diferencia en sus vidas contando sus historias y tomando acción.”

CERI está tomando acción en lugares donde no es fácil, en donde pocos están dispuestos a tomar los riesgos; en donde se han hecho diferencias profundas. En cambio, los corazones y las almas de nuestros voluntarios están cambiados para siempre sabiendo que fueron parte de algo más grande que ellos.