Buscando refugio

por Elliott Harris

Eugene Lewis está parado confiadamente y ya mero perfectamente derecho, pero un poquito ganchito para que pueda alcanzar con su brazo a una silla del comedor mientras habla. Parece una movida de comodidad o algo habitual, algo que lo hace sentir más en su casa. Lo tan frecuente que su mano está puesta contenta en la silla, es tan frecuentemente usada como una herramienta conversacional para solidificar su punto, o para decir una broma que ha tratado de decir con perfección por los años.

A su alrededor esta una audiencia pequeña pero captivada, cada uno de ellos un compañero en un viaje de dos años que llevo al Sr. Lewis al lugar en donde se encuentra hoy: de pie en una casa nueva localizada en un terreno en Refugio, Texas, un pueblito de menos de 3.000 residentes cerca de la costa tejana. En setenta años de vida – casi todos pasados en Refugio – el Sr. Lewis ha sido un atleta en la universidad, un trabajador de la industria petrolera, un comentarista deportivo en el radio, el baterista en una banda viajera, un pastor bautista, un miembro de un consejo escolar, un hijo, un papá, un hermano y un abuelo.

La historia de los últimos dos años, un tiempo breve pero significativo en la vida del Sr. Lewis, dice tanto sobre él cómo sobre la naturaleza humana a raíz de la pérdida, ejemplificando lo mejor de la gente en los momentos más peores de la vida.

Cuando el huracán Harvey, una tormenta de la categoría 4, azotó al área costera de Texas con sus vientos alcanzando hasta 132 mph, el Sr. Lewis era uno de muchos de afectados. Después de que pegó a la costa, la tormenta caminó hacia al noreste para empapar las áreas entre la ciudad de Houston y la frontera Texas-Luisiana con, en algunos lugares, más de 60 pulgadas de lluvia. El Centro Nacional de Huracanes describió el huracán Harvey como “el evento de precipitación de ciclón tropical más significante en la historia de los Estados Unidos…desde cuando empezaron los registros de precipitación fiables alrededores en los 1880s.”1

Cuando el huracán Harvey acercó a tocar tierra en el mes de agosto de 2017, el Sr. Lewis, el pastor de la Iglesia Unión Bautista y un miembro del consejo escolar en su mismo distrito, planeó quedarse en su ciudad natal mientras esperaban la pasada de la tormenta como habían hecho con los huracanes anteriores. Afortunadamente, su hija lo convenció que esta vez quizás sería diferente. El Sr. Lewis salió de su pueblo, buscando refugio por lo que él pensaba sería una corta duración.

Sin embargo, mientras todo el país veía a Harvey saliendo del océano y encima de la tierra, se hizo evidente que la recuperación no iba ser rápida ni fácil por muchos que vivían por la costa, incluyendo en Refugio. Cuando el Sr. Lewis regresó por la primera vez de su evacuación, se dio cuenta de la magnitud del daño. “Nunca he visto esto; ningún lugar donde quedarse, nada de cocinar, ni de bañar, ni nada,” dice. 

El pueblo había sido destruido, y todos los que consideraban a Refugio como el pueblo suyo regresaron a una nueva realidad. Para el Sr. Lewis, esto significó un cambio significante en dos áreas de su vida: su iglesia y su hogar.

El Sr. Lewis había sido el pastor de la Iglesia Unión Bautista desde 2004, y un miembro desde 1985. Harvey había pegado fuerte a la iglesia, pero afortunadamente, no tan mal que estaba sin reparación. Su hogar, sin embargo, era una diferente historia.  

Eugene Lewis

Antes del huracán, el Sr. Lewis miró hacia su casa y dijo que, no importaba si estaba su casa allí todavía cuando regresaba o no, “Lo agradezco por todos los años que me has dado refugio sobre la cabeza.” Ahora, sus palabras se sentían amargamente proféticas.

La chiquita casa en la calle Commons había sido del desde 1981. Después de la tormenta, sólo quedaba pedazos de escombros como testigo que en otros tiempos había una casa situada allí. No sólo fue la estructura que se había llevado la tormenta – el techo que lo mantuvo seco cuando llovía, y las paredes que retuvieron las cuentas si podían contarlas – el Sr. Lewis había perdido preciosas fotos, posesiones familiares, arte de sus nietos y otras cositas materiales que para otros significaron poco, pero para él eran su mundo. Perdió un parte de su historia en ese huracán.

Las secuelas inmediatas de Harvey eran tiempos desesperados como el Sr. Lewis los describe, pero él piensa que el sentido de comunidad que el pueblo de Refugio descubrió en ese momento es lo que permitió a los residentes sobrevivir. Gente de todas partes de los Estados Unidos llegaron para ayudar con el proceso de recuperación, incluso algunos que cocinaban comida por la carretera para alimentar a los que habían sobrevivido.

Cuando las necesidades básicas como comida y agua fueron logradas, las necesidades del largo plazo se hicieron el enfoque de los sobrevivientes que empezaron a trabajar hacia restablecer sus vidas. Para el Sr. Lewis, esto significó arreglando la iglesia Unión Baptist Church y buscando un nuevo hogar después de la destrucción entera de su casa.

Por qué el seguro que el Sr. Lewis tenía para su casa solo cubrió daño causado por un infierno, presentar un reclamo no era una opción para la reconstrucción. Sin embargo, llegó algo de buenas noticias cuando la Agencia Federal de Manejo de Emergencias (FEMA por sus siglas en inglés) empezó oficialmente el alivio para Refugio y otras áreas afectados por el huracán Harvey menos de una semana después de la tormenta. Como parte de esos esfuerzos de alivio, el Sr. Lewis fue aprobado para quedarse en un hotel en Beeville, lo que sería la cosa más cercana a un verdadero hogar por los próximos 276 días. 

Un día entre el periodo entre el hotel en Beeville y su ciudad natal, el Sr. Lewis conoció a un grupo de voluntarios cristianos basados en Oklahoma quien estaban visitando a Refugio para ayudar a reconstruir. Cuando el grupo se enteró sobre la situación del Sr. Lewis y las décadas de vida y legado en Refugio, el voluntario principal del equipo dijo al Sr. Lewis que estaba confidente que su organización podría construir una casa para el Sr. Lewis con los recursos que tenían disponibles, aunque tomaría tiempo.

Mientras trabajaba y esperaba pacientemente por los planes para su propia recuperación, el Sr. Lewis ayudó arreglar su iglesia, que afortunadamente estaba bien asegurado. Tomaría aproximadamente un año y medio para reconstruir hasta el punto cuando la congregación pudiera empezar alabando en ese lugar de nuevo, pero la falta de un edificio para una iglesia no significó la terminación de su gente, y el Sr. Lewis tomó el tiempo para ayudar a sus compañeros congregantes, y también a su comunidad de Refugio, en las pequeñas maneras que podía.

Porque asumió que el costo de una nueva casa sería probablemente cubierto por el generoso trabajo de la organización voluntaria de Oklahoma, el Sr. Lewis sintió que cualquier dinero que tenía o que otros le habían dado era demasiado generoso – una bendición de Dios que no era solo para el Sr. Lewis. Con fe, usó algo de sus propios financias para ayudar a unos miembros de la iglesia y a unos vecinos con petróleo y comestibles, o el arreglamiento de la casa.

Pequeños regalitos como estos se agregaron pronto, y aunque el Sr. Lewis estiró a él mismo y contribuyó más a su comunidad de que podía seguramente permitirse, él pensó que era la cosa correcta que hacer como un líder en el área de Refugio, teniendo fe en Dios para cuidar a sus necesidades con la sabiduría de su corazón y la intención por su generosidad.  

Algunos meses habían pasado después de que el huracán Harvey tocó a la tierra cuando le llegó la noticia al Sr. Lewis que el voluntario quien había sugerido que su grupo podría ayudar al Sr. Lewis construir una nueva casa había sufrido un ataque del corazón y había fallecido. Después de una pérdida terrible en su organización, los voluntarios de Oklahoma no podían regresar. El Sr. Lewis tendría que buscar otra manera para reconstruir.

Al pastor ya no quedaba dinero, no tenía casa, y se le estaba yendo el tiempo. Aunque el apoyo que había recibido de otros había sido una tremenda bendición hasta ahora, ese apoyo vino con condiciones y plazos estrictos. Incluso con el progreso que había hecho, estaba lejos de regresar a un punto de autonomía. Sus fortunas fluctuaron con la generosidad y la disponibilidad de los que estaban cerca de él. Estaba listo para un cambio; para finalmente establecer algo más cercana a una vida normal.

Casi dos años después de la tormenta, gran parte de esta pequeña ciudad sigue en mal estado.

En las secuelas inmediatas del huracán Harvey, la División del Manejo de Emergencias (EMD por sus siglas en inglés) de BCFS Health and Human Services’ fueron encargados de ofrecer alivio a las áreas de la costa sureste de Texas. Después de seis meses de trabajar ahí, EMD cambio sus esfuerzos de servicio y ubicación, enfocando en la recuperación de largo plazo en el área de Corpus Christi.

David Littleton, el manejador ayudante de programas para el manejo de casos de desastre con EMD, describe el rápido cambio entre el trabajo para los sobrevivientes de inundaciones y los sobrevivientes de daño por el viento como algo desafiante pero no raro en su área de trabajo. Dice que, aunque cambie la situación, la premisa es igual: conecta con los individuos, escucha sus necesidades, y crea un camino adelante hacia la recuperación.

En el 7 de mayo de 2018, EMD empezó oficialmente una recuperación de largo plazo en Corpus Christi. El próximo día, el Sr. Lewis pasó por las puertas de EMD como el primer sobreviviente de esa área que ayudarían.

“Conocí al Sr. Eugene Lewis como nuestro primer cliente con EMD y fui muy determinada para ayudarle todo lo que podía, porque sabía que él había dado tanto al condado de Refugio,” dice Monica Martinez, la manejadora de caso de EMD quien asistió a la recuperación del Sr. Lewis por los primeros seis meses de su caso.

Monica Martinez habla con Eugene Lewis
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El Sr. Lewis se acuerda que el personal de EMD lo saludaba muy entusiasmados, llevándolo hacia la puerta y ofreciéndole café y pan dulce. Aunque el equipo EMD estaba emocionados para conocer a su primer cliente y abrir su primer caso, David dice que tratan a cada sobreviviente que conocen con un nivel igual de disponibilidad, y una voluntad para responder a sus necesidades.

Lo más alto en la lista para las necesidades de Mr. Lewis era un lugar permanente para su hogar. Todavía andaba en un hotel cuando empezó su caso con EMD, y resolver su problema de vivienda sería la más alta prioridad y el reto más grande de su caso. Aristeo Valdemar, un manejador de caso de EMD quien empezó trabajar en la recuperación del Sr. Lewis en agosto del 2018, habla sobre el reto:

“El Sr. Lewis es un hombre muy compasivo, siendo un pastor. Pienso que no se da suficiente crédito porque, en vez de usar algo del dinero que le habían dado para él mismo, terminó ayudando a los residentes del condado de Refugio,” dice Aristeo. “¿Y era una lucha para llegar de allá hasta aquí, porque, sabes, quien le da todo su dinero para ayudar a otros en vez de ayudar ellos mismos? Pues, el Sr. Lewis lo hizo; ¡él lo hizo!”

Aristeo Valdemar y el Sr. Lewis hablan juntos.

Las organizaciones no lucrativas que ayudaban a los residentes en Refugio luchaban, comprensiblemente, para creer que el Sr. Lewis era tan benévolo como aparecía. Aristeo, sin embargo, sabía la verdad del Sr. Lewis después de horas de conversaciones directamente con él y con los miembros de la comunidad que eran un parte integral de Refugio. Los detalles revelaron a un hombre de buen carácter que quería lo mejor para su ciudad natal.

Mientras el Sr. Lewis luchaba con lo que seguía para él, le llegó una nueva esperanza cuando Aristeo le dio al Sr. Lewis un número de contacto para Samaritan’s Purse (La Bolsa del Samaritano) y sugirió que lo llamaría. La organización dijo al Sr. Lewis que su caso era elegible para una consideración, pero iba tomar tiempo.

Un mes después, la gravedad de la situación se empezó comprender. “Estaba en la iglesia, limpiando,” acuerda el Sr. Lewis, “Y pensé, y dije ‘Tengo que rezar.’ Y pues, me puse de rodillas en la primera fila. Y estaba rezando. Y estaba rezando y rezando. Dije, ‘Dios, ahora conoces a mi situación. Esto es su voluntad. Esto es su voluntad. Yo no puedo hacer nada. No sé qué hacer. No sé en qué rumbo/camino tengo que irme desde aquí.’ Y luego sonó mi teléfono; era Cindy.”

Cindy Barton estaba sirviendo como una trabajadora de casos en una división de Samaritan’s Purse que ayuda recolocar los hogares manufacturados dañados en el huracán Harvey – una rama de muchas entre Samaritan’s Purse que trabajaba para ayudar a Refugio después de la tormenta. Después de colaborar con organizaciones compañeras en el área, y alguna investigación hecha por ella misma, Cindy pudo usar la donación de Samaritan’s Purse para proveer una nueva casa al Sr. Lewis.

Cindy comparte qué “Porque somos un ministro fundado por donantes, y queremos ser buenos administradores de tales fondos donados, hacemos una cantidad significante de diligencia debida para estar seguros que estamos verdaderamente ayudando a los que realmente necesitan la ayuda.” Después de investigar cuidadosamente, encontraron al Sr. Lewis como uno de esos candidatos.

“Hemos hablado con bastante gente en Refugio, y vamos a conseguirle una casa,” acuerda el Sr. Lewis sobre lo que Cindy le dijo por teléfono. “Tuve que esperar para recomponer mi calma,” dice él.

Cindy y Samaritan’s Purse no eran las únicas fuerzas que llevaron a Sr. Lewis a su casa. Personas como Cathy Garcia del programa House in a Box (Casa en caja) de la Sociedad del Santo Vicente De Paul y Dorey Williams del Centro de Recepción de Voluntarios en Refugio tuvieron una parte mayor en la historia del Sr. Lewis y en las historias de muchos más sobrevivientes en el condado de Refugio.

“Esto es lo que es el manejo de casos de desastres. Es una colaboración de recursos y trabajo para servir a un sobreviviente, una familia que fue afectada por un desastre. Y sin la mano de cada persona y ayuda y cerebro e inteligencia, no sería logrado,” dice Cathy. Con la ayuda de BCFS EMD, en conjunto con muchas otras agencias e individuos unidos por una sola misión, el Sr. Lewis continúa su legado en Refugio hasta este día. Después de 19 meses sin una casa, la colaboración de más de ocho organizaciones y muchos voluntarios regresaron la estabilidad a la vida de un hombre.

Mirando por su sala al grupo quien hizo posible su recuperación, el Sr. Lewis parece curiosamente pensivo mientras considera su viaje para llegar hasta aquí. “Sin ellos, sería muy difícil para me,” dice él. “Dios me bendijo mediante las personas que están aquí. Y le doy gracias a Dios por él.”

De izquierda a derecha: Aristeo Valdemar, Grace Cortez, Carmen Anguiano, Monica Martinez, Eugene Lewis, Dorey Williams, Cathy Garcia y David Littleton estan juntos en las casa nueva del Sr. Lewis.

1National Hurricane Center Tropical Cyclone Report: Hurricane Harvey. Eric Blake y David Zelinsky. Mayo del 2018.